Vivimos en una sociedad estructurada por el tráfico de
información, el multitasking, el consumismo masivo.
Creemos que somos inmortales, que tenemos todo el tiempo
para realizar viajes, tener coches, comprar grandes casas, adquirir un buen
estatus social. Cuando lo que de verdad importa es vivir el ahora. No hablo de
vivir “el ahora” como sinónimo de carpe
diem o del tópico tempus fugit,
hablo del disfrute del momento presente.
En estos días he aprendido dos palabras que me han creado un
impacto emocional muy fuerte “subversivo” y “altruismo”. La primera, ‘subvertir’
significa trastornar o alterar algo, especialmente el orden establecido, y la
segunda, ‘altruismo’ designa la inclinación por procurar el bien ajeno aun a
costa del propio. Estas dos palabras son antónimas pero pueden convivir en una
persona durante mucho tiempo hasta destrozarla.
“Cuando te bañas
piensas en el desayuno.
Cuando desayunas, piensas en
el trabajo.
En el trabajo, piensas en la
salida.
Saliendo, piensas en llegar a
casa.
Estando en casa, piensas en el
día de mañana.
Hoy, no has estado presente.
Hoy, no has vivido el ahora.
Te estás perdiendo de la vida
misma.”
ECKHART TOLLE
Esto demuestra que somos capaces de sacrificar nuestro
tiempo limitado para satisfacer las necesidades de otras o simplemente porque
las normas sociales así lo rigen. Baste como muestra el ejemplo de las navidades,
una festividad que se ha convertido en eventos a los que hemos de asistir,
comprar regalos y estar, formalmente, feliz. Pero, sin ir más lejos tenemos el
ejemplo del Facebook, lugar de encuentro en el que debemos publicar cada paso
que damos y valorarlas con “Me gustas” como si este gesto nos aportara un
reconocimiento social. El sistema corporativo de las redes sociales me recuerda
a las conversaciones de nuestras madres o padres cuando nombran los logros que
ha conseguido su hijo/hija, los lugares a los que ha viajado, o incluso, los
idiomas que habla.
En esencia, nos estamos perdiendo lo mejor de la vida, que
es la nuestra propia.