Esta historia que te voy a contar no te va a gustar.
Llevo diez minutos
esperando, estoy nervioso.Hoy voy a morir.
Pienso que los pies se van a mover por voluntad propia y me
llevan al parque a ver las mariposas azules que revolotean por el charco para
escuchar la melodía de las ranas. Desisto, no tengo piernas, he de admitirlo. ¡Muévanse, llévenme a otro sitio
que no sea esta mísera habitación!
Un buen día salí de
marcha con mis amigos y me rajaron la cara de lado a lado. Eso fue a los 18
años, fue algo que me marcó de por vida. Mi familia quería sobreprotegerme
tanto que me agobié; un día cogí mis ahorros y emigré. Todo estaba premeditado,
sabía a qué lugar me quería dirigir. En ese entonces tenía 25 años, había
acabado la carrera de medicina, dispuesto a buscar trabajo, como un chico
normal dentro de una sociedad occidental.
¿Has llamado a alguien?, ¡hoy moriré y necesito tu ayuda!
¿Has llamado a alguien?, ¡hoy moriré y necesito tu ayuda!
Tenía interés en ser un médico desapercibido y útil, ayudar a
las víctimas, servir a los más desgraciados. Lo que se dice ganarse la vida
humildemente. No pedía más. O si…
Oftalmología es mi especialidad y ser ocularista es mi
afición por naturaleza, no sé si te suena la expresión “ojo de vidrio”, eso es
lo que yo hago por encargo. Me hastío de diagnosticar los típicos casos de
visión disminuida y de remitir al paciente a la óptica de siempre y me divierto
diseñando pupilas. ¿No llamas?
Me siento atractivo con mis cicatrices y me levanto cada
mañana con la sonrisa dibujada, por eso, quiero delinear retinas y pupilas
falsas. Cada vez que fabrico una pieza siento que cobra vida, que me observa,
no me compadece, me da las gracias, me aprecia sin juzgarme y comprendo mi
función en la tierra. ¡Hazlo!
Recuerdo exactamente a la persona que hizo tal carnicería en
mi cara. Pues, vive a tres calles de su oficina, busca el pan con su perro a
las 07:00 a.m., va al trabajo a las 08:30 a.m. y regresa con su hijo de 12 años
a las 15:15 p.m. ¡Es
la hora, sálvame!
¿Insinúas que estoy obsesionado?, haces bien, porque lo estoy.
Llegó el día premeditado, cogí la pieza maestra, mi joya de
la corona; había esmerilado dos ojos perfectos para mi viejo amigo. ¡Ya
comprenderás porqué debes hacerlo ahora, llama!
Salí de mi casa a las 05:00, acaricié a Homero, su perro y le
puse mis dos joyas. Me excitó el proceso de incursión, más fácil de lo que
suponía. Mi viejo amigo captaría el mensaje y temería la precoz ceguera de su
astuto American Staffordshire Terrier. No tengo escapatoria.
Confié en la tranquilidad que se respiraba en su casa,
comprobé que no había nadie y entré para robar algunas alhajas. Tenía total
dominio sobre su vida, solo me quedaba el infante, él se libraría de lucir mis
gemas. Ya que, el pintor de sonrisas ya portaba uno desde aquella pelea
callejera. Siempre he pensado que mi mayor mérito a los 18 fue haberle
arrancado su globo ocular.
Al año siguiente prorrogué mi labor, entré a su casa una
noche en la que su esposa estaba sola y le puse otra de mis joyas. Fui bien
recibido por Homero, me reconoció desde lejos y no dudó en morderme la pierna,
me quedé tumbado en el garaje.
Ahora tengo una cuerda atada al cuello, sudo, lloro, y jadeo
para que alguien me oiga. Mi amigo captó el mensaje y ahora soy su presa, de
nuevo.
Tú, presta atención, lee y decide. Vives en el mismo
vecindario que la familia acosada por el protagonista. Acabas de llegar de un
largo día de trabajo, tienes ganas de llegar a casa, cenar y poner tu serie de
ficción favorita; pero escuchas gritos de auxilio.
¿Qué haces?
¿Qué haces?
Tienes cinco opciones:
a) Pasar,
piensas que los vecinos están desequilibrados. No quieres volver a pasar por su
casa porque su perro te da miedo cuando te ladra.
b) Te sacudes
los hombros, cierras la puerta de tu casa y enciendes el grifo para darte una
ducha relajante.
c) Coges la
navaja que guardas debajo de la alfombrilla del coche y te diriges hacia la
dirección de los alaridos.
d) Llamas a la
policía y te desatiendes del caso.
e) Vas a la
panadería, te compras una baguette y le pones mantequilla.
Cualquier opción que elijas no va a salvar al pobre Buster, porque Homero ya le ha comido gustosamente sus piernas.
Gracias
por tu tiempo.