No es una litera coetánea a la actualidad de la época, sino un estado común en cada estado, en cada época. Necesariamente hemos sido fruto de unos cánones identificativos y representativos de una escala social en nuestro entorno. No es de extrañar el remontarnos a la idea del hombre cromañón que cazaba y a la mujer que complementaba su tarea fortaleciendo las generaciones. Porque cada persona desde que invierte la novena oscuridad hacia la luz forzada, es doblemente forzado a escoger un camino, siempre regido por alguien superior, por un padre, un maestro, un jefe, un gobierno. Y esto da que pensar que un hombre libre, solo es libre cuando llega al poder absoluto, ya que es libre de manipular cualquier escalera social. Y eso, es lo que creo que sucede. Las personas no son libres, son consecuentes con sus hechos, son débiles e intentan mantener la armonía obedeciendo lo común. Los que tienen coraje y ganas de ser libres se convierten en jugosos gusanos que hay que absorber para que no se den cuenta del rico sabor de su propio jugo. Y caen en la tentación de hacer el bien, pensando que lo hacen y caen sobre las rejas de la felicidad, haciendo lo mismo que los demás, nada.
No pretendo crear un político debate sobre el bien y el mal, ya que es recíproco, pero si pongo en piedra de juicio las desventajas que tiene la persona al someterse a la felicidad común, el sometimiento inaudito, que se hace sin querer y por los sentimientos que emanan de la energía interna del foco incontrolable de pasiones.
Y no pensaré como Allan Poe, sino como Mallarme, las palabras son solo ideas mal expresadas, son los que captan la idea y la estrujan en sus cabezas, los que de verdad aprovechan su tiempo y vista leyendo tales barbaries.
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