Anunciar el alba

Anunciar el alba
"Querida imaginación, lo que amo sobre todo en ti es que no perdonas." André Breton

viernes, 22 de abril de 2016

Todo parecido es pura coincidencia.

Esta historia que te voy a contar no te va a gustar.
Llevo diez minutos esperando, estoy nervioso.Hoy voy a morir.
Pienso que los pies se van a mover por voluntad propia y me llevan al parque a ver las mariposas azules que revolotean por el charco para escuchar la melodía de las ranas. Desisto, no tengo piernas, he de admitirlo.                                                                                                        ¡Muévanse, llévenme a otro sitio que no sea esta mísera habitación!
 Un buen día salí de marcha con mis amigos y me rajaron la cara de lado a lado. Eso fue a los 18 años, fue algo que me marcó de por vida. Mi familia quería sobreprotegerme tanto que me agobié; un día cogí mis ahorros y emigré. Todo estaba premeditado, sabía a qué lugar me quería dirigir. En ese entonces tenía 25 años, había acabado la carrera de medicina, dispuesto a buscar trabajo, como un chico normal dentro de una sociedad occidental.
                                     ¿Has llamado a alguien?, ¡hoy moriré y necesito tu ayuda!
Tenía interés en ser un médico desapercibido y útil, ayudar a las víctimas, servir a los más desgraciados. Lo que se dice ganarse la vida humildemente. No pedía más. O si…
Oftalmología es mi especialidad y ser ocularista es mi afición por naturaleza, no sé si te suena la expresión “ojo de vidrio”, eso es lo que yo hago por encargo. Me hastío de diagnosticar los típicos casos de visión disminuida y de remitir al paciente a la óptica de siempre y me divierto diseñando pupilas.                                          ¿No llamas?
Me siento atractivo con mis cicatrices y me levanto cada mañana con la sonrisa dibujada, por eso, quiero delinear retinas y pupilas falsas. Cada vez que fabrico una pieza siento que cobra vida, que me observa, no me compadece, me da las gracias, me aprecia sin juzgarme y comprendo mi función en la tierra.                                 ¡Hazlo!         
¿Recuerdas lo que me marcó?[1] Bravo por ti[2].
Recuerdo exactamente a la persona que hizo tal carnicería en mi cara. Pues, vive a tres calles de su oficina, busca el pan con su perro a las 07:00 a.m., va al trabajo a las 08:30 a.m. y regresa con su hijo de 12 años a las 15:15 p.m.                                                                                                                                                                ¡Es la hora, sálvame!
¿Insinúas que estoy obsesionado?, haces bien, porque lo estoy.
Llegó el día premeditado, cogí la pieza maestra, mi joya de la corona; había esmerilado dos ojos perfectos para mi viejo amigo.                                                                                                                                  ¡Ya comprenderás porqué debes hacerlo ahora, llama!
Salí de mi casa a las 05:00, acaricié a Homero, su perro y le puse mis dos joyas. Me excitó el proceso de incursión, más fácil de lo que suponía. Mi viejo amigo captaría el mensaje y temería la precoz ceguera de su astuto American Staffordshire Terrier.                                                                                                                 No tengo escapatoria.
Confié en la tranquilidad que se respiraba en su casa, comprobé que no había nadie y entré para robar algunas alhajas. Tenía total dominio sobre su vida, solo me quedaba el infante, él se libraría de lucir mis gemas. Ya que, el pintor de sonrisas ya portaba uno desde aquella pelea callejera. Siempre he pensado que mi mayor mérito a los 18 fue haberle arrancado su globo ocular.

Al año siguiente prorrogué mi labor, entré a su casa una noche en la que su esposa estaba sola y le puse otra de mis joyas. Fui bien recibido por Homero, me reconoció desde lejos y no dudó en morderme la pierna, me quedé tumbado en el garaje.
Ahora tengo una cuerda atada al cuello, sudo, lloro, y jadeo para que alguien me oiga. Mi amigo captó el mensaje y ahora soy su presa, de nuevo.

Tú, presta atención, lee y decide. Vives en el mismo vecindario que la familia acosada por el protagonista. Acabas de llegar de un largo día de trabajo, tienes ganas de llegar a casa, cenar y poner tu serie de ficción favorita; pero escuchas gritos de auxilio.
 ¿Qué haces?
Tienes cinco opciones:
a)     Pasar, piensas que los vecinos están desequilibrados. No quieres volver a pasar por su casa porque su perro te da miedo cuando te ladra.
b)    Te sacudes los hombros, cierras la puerta de tu casa y enciendes el grifo para darte una ducha relajante.
c)     Coges la navaja que guardas debajo de la alfombrilla del coche y te diriges hacia la dirección de los alaridos.
d)    Llamas a la policía y te desatiendes del caso.
e)     Vas a la panadería, te compras una baguette y le pones mantequilla.

Cualquier opción que elijas no va a salvar al pobre Buster, porque Homero ya le ha comido gustosamente sus piernas.
                                                                                             Gracias por tu tiempo.



[1] Si no lo recuerdas vuelve al comienzo del texto.
[2] Si no tuviste que ir al inicio del texto, ¡Felicidades! Tienes buena comprensión lectora.


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